La Edad Media en la Corona de Aragón. Parte Segunda: Las instituciones
Conclusión
Si la historia no es un conjunto de hechos curiosos, sino trascendentales, es decir, de enseñanza
social, la de un pais durante una edad no puede terminar sin que el historiador señale la lección
de experiencia que del estudio hecho se deduce.
La Edad Media, en general, es desconocida; la manera de escribir la historia en el Renacimiento,
esto es, en el período inmediato y siguiente a ella a imitación de los clásicos, reducida a batallas
y biografías de reyes y caudillos, condenó esa Edad Media a un olvido que no merece; pero en ella
no hubo ni grandes batallas ni hechos de relieve suficiente para ser del dominio universal y esto
no satisfizo a los historiadores. Por añadidura, en la Historia de España sucedieron esos hechos
tan del agrado de los profesionales de esta ciencia en los tiempos inmediatamente siguientes a los
medievales y ello condenó más y más la Edad Media a un ostracismo del cual no ha salido aún.
En esa edad ven unos un momento de la humanidad bárbaro y cruel porque comparan la división de
clases y la acumulación de derechos sobre unos y de deberes sobre otros; una época de costumbres
duras por la dureza de las penas; una Edad pintoresca y romántica por la vistosidad y exotismo de
las apariencias de la vida; sus verdaderos caracteres de universalidad, que era una restricción
del concepto de patria y de nación y una ampliación del concepto humanidad y espiritualidad, que
es el predominio de los sentimientos y de las ideas sobre los egoísmos, son casi en absoluto
desconocidos.
Y la falta de estos dos grandes principios ha traído y amenaza traer sobre el mundo grandes
y formidables cataclismos.
Como ambos principios tienen su raíz en la misma naturaleza humana, su ausencia de la vida es
un atentado a la propia vida y de aquí que el mundo se esfuerce por incorporarlos a su ideario y
hacerlos efectivos. ¿Qué representa esa entidad llamada Sociedad de Naciones sino la aspiración
a constituir un poder universal, no fundado en la violencia ni apoyado en las armas sino en el
espiritu, superior a todos los Estados? La Edad Media resolvió el problema poniendo en el Papado,
es decir, en el representante de la espiritualidad por excelencia, ese poder universal.
No hay problema humano de hoy que no se planteara en la Edad Media que ésta no resolviese;
ya es un grande elogio de aquella Edad decir de ella que no conoció el proletariado ni los
pobres, que no conoció la lucha de clases ni necesito leyes restrictivas del pensamiento, ni
ejércitos permanentes que velaran por la seguridad interior ni exterior; pero no es menos elogio
suyo ver cómo después de un individualismo exagerado que hizo decir: un hombre un voto, un hombre
un fusil, un hombre un contribuyente (impuestos directos), surjan las asociaciones y los
sindicatos y las corporaciones y tendencias sociales y nuevas ideas acerca de la organización
de los Estados muy conformes con el espíritu de la Edad Media; y no por reflexión, es decir, por
el conocimiento de lo que fué y puede volver a ser, sino por instinto humanao, por mandato de la
naturaleza del hombre.
Este es el defecto capital de todas las soluciones modernas; el de ser instintivas y no
reflexivas, el de fundarse en egoísmos y no en ideales; cada clase quiere conservar su puesto
y su rango sin ceder, porque cada una tiene de la justicia concepto propio y no hay entidad
alguna con autoridad moral suficiente para declarar lo justo; falta la espiritualidad que vivificó
los siglos medios.
Si en general puede afirmarse esto de la Edad Media, ¿qué es de afirmar en cuanto a la Edad
Media de Aragón en relación con la vida española en los tiempo modernos? ¿Qué elementos espirituales
aportó la corona aragonesa a la unidad nacional?
Aunque el problema se plantea en el terreno de la historia, la solución la da la geografía.
España es una península y en toda península hay una parte continental, el istmo, y una parte
insular, el resto de la misma; el istmo es el puente sobre el mar, por el que se comunican con
la tierra firme. Aragón representaba en la vida política nacional ya española el nexo material
y espiritual de la península con Europa; la Historia de Aragón en todo tiempo y edad lo confirma.
Zaragoza es fundación romana y no por España sino por Francia; la ciudad nació para defensa de
un puente y el puente como consecuencia de una vía que llegaba al Ebro desde Bearne. Aragón en
determinados momentos desborda sobre el otro lado de los Pirineos y esta cordillera no es internacional
sino nacional: cúmplese a lo largo de los siglos la ley que dice que la historia de un país no se
comprende sino mirando por encima de sus fronteras.
A la herencia de Fernando el católico se atribuye injustamente las guerras que la casa de Austria
sostuvo con Francia en los siglo XVI y XVII; pero ¿acaso Carlos V hizo política española? ¿Acaso no
fué Flandes más que que el meridiodía de Francia, y la Italia septentrional más que la meridional
causa de aquellas guerras? De éstas provino la decadencia aragonesa y de rechazo o por concomitancias
la de la nación.
La Corona de Aragón representaba la expansión por el Mediterráneo; Fernando el Católico dejó
también preparada esa política expansiva, pero nada hicieron los que le sucedieron por asegurar
lo que él dejó y menos aún por aumentarlo.
España fué barrida de Berberia y ésta fué una causa más de nuestra decadencia, pues nos privó
de la tierra más nuestra, de la qie por la geografía teníamos el deber de españolizar.
Estos dos elementos llevó la Corona de Aragón a la nacionalidad española; la continentalidad
y la expansión mediterránea: los dos los anuló la Casa de Austria, cuya política fué servir los
intereses del Imperio, acordándose de su origen, y metiendo a España en guerras de dignidad
olvidando la política de territorialidad, aun viéndola practicar por los franceses contra ella.
El pueblo de Aragón, como todo el de España, recuerda la Edad Media como su edad de oro; de su
pasado no recuerda ni un nombre, ni una fecha, ni un suceso; sabe sólo que su patria sufrió dos
invasiones, una de moros y otra de franceses, y a la época de los primeros atribuye cuanto representa
riqueza y esfuerzo superior al de que hoy se cree capaz; en aquellos tiempos se hicieron sus pueblos,
sus acequias, sus castillos, hasta sus iglesias. A los segundos achacan la destrucción de todo lo
destruido. En esos recuerdos resume el pueblo español su historia y es indudable que con ellos da
a entender que la época en que había moros en España fué para él la de mayor prosperidad.
El viajero puede comprobar la exactitud de esa afirmación; excepto unas pocas ciudades
españolas donde se han acumulado la población y la riqueza, todas las demás viven de recuerdos
medievales: si son museos de arte, lo son de arte medieval.
Y ¿cómo el pueblo, si vivía dominado y en vasallaje y servidumbre, recuerda el tiempo aquel
como su edad de oro?
Es que los modernos se pagan más de las palabras que de los hechos y no tienen cabal idea de
la libertad política ni de la historia medieval
Es un fantasma sin realidad en los puros siglos medievales eso de la dureza de la condición
servil o de vasallaje. Hasta el siglo XIV siervos y vasallos se muestran satisfechos de su suerte;
pueblos de realengo pasan a ser de señorío sin protestas; éstas surgen y cada vez más airadas
según se aproxima la Edad Moderna; ¿no quiere decir esto que no es el espíritu medieval sino el
moderno el promotor de estas sublevaciones? La condición de los siervos y de los vasallos no era
más dura que la de los proletarios de hoy, ni tan dura; sobre los señores pesaban deberes
espirituales de los que ahora muchos amos se creen relevados; pesaba también el deber egoísta de
conservar sus cultivadores porque no existiendo la atomización actual de los hombres, sino la
sociedad en su grado máximo, no era fácil hallar un hombre que sustituyera al ido o muerto.
Hecho digno de llamar la atención sobre este asunto es que la Edad Media no sufrió revoluciones
de esas que trastornan la sociedad y la cambian y que la evolución cuyo resultado fué la Edad
Moderna duró cerca de tres siglos; y además no fué cruenta más que en su final, cuando en el siglo
XVI ensangrentaron Europa las guerras de campesinos, que si trajeron la liberación personal de los
siervos, trajeron también la apropiación absoluta del suelo por lo señores.
Rompióse entonces el vínculo que unía el hombre a la tierra, el nexo que hacía al hombre
ciudadano de una patria, y se proclamó de hecho el principio individualista de la igualdad de los
hombres y de la libre e individual concurrencia, principio eminentemente injusto, porque si todos
estuvieran dotados de iguales medios lo injusto sería desconocer esa igualdad, pero no estándolo,
es inicuo lanzar a la lucha hombres armados de todas armas y hombres inertes del todo. La Edad
Media, con su fuerte espítu social y sus asociaciones negó el individualismo, amparó al débil
y forzó al rico y poderoso a convivir con los débiles y los pobres.
El estudio de la edad Media ha de pasar las tres fases por que pasan todas las ideas que chocan
con las costumbres y creencias en boga: en la primera se condenan por bárbaras e inaplicables; sus
propagadores son llevados a los suplicios o vilipendiados, castigo común a cuantos se adelantan
a su tiempo; en la segunda siguen creyéndose bárbaras e inaplicables, pero sus propagandistas no
merecedores ni de suplicios ni del vilipendio; en la tercera júzganse naturales, y bárbaro y brutal
no haberlas aceptado antes; los condenados por ellas pasan a ser mártires. ¿En cuál de estas fases se halla este estudio? En europa, en la segunda.
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