Cisterciense proviene del nombre latino de Citeaux (cerca de Dijon, Francia), donde se creo
la primera fundación cisterciense.
A este lugar de la Borgoña se retiro en 1098 el monje francés Roberto de Molesmes para
renunciar al esplendor de la Orden de Cluny y deseoso de restablecer la austeridad que
caracterizó a la orden benedictina en sus orígenes (siglo V).
Poco tiempo después San Bernardo fundará Claraval, desplegando una ingente labor apologética
y doctrinal.
Esta reforma de la relajada observancia benedictina cluniacense rápidamente se expandió por
toda Europa medieval.
Estilo contructivo del Cister
Su arquitectura es fiel al modelo monástico benedictino, al que da sentido práctico y un
fin preciso: Recogimiento y Oración.
Las construcciones son sobrias, no exentas de grandeza, simplicidad y desnudez ornamental.
La perfecta cantería es un estilo de transición del románico al gótico con arcos apuntados
y bóvedas ojivales.
El Císter en Aragón
En Aragón se levantaron grandes fundaciones, la primera de las cuales fue
Veruela (1145 ó 1146), a la que siguieron Rueda
(1153), Piedra (1194) y Fonclara (1223)
luego Santa Fe en Cuarte, todas en la actual provincia de Zaragoza; además se erigieron
los monasterios femeninos de Trasobares (h. 1168), cercano a Veruela, y Cambrón, trasladado
en el siglo XVI al de Santa Lucía en la capital aragonesa, el único activo en la provincia.
No sólo aportaron unos nuevos valores religioso-espirituales y culturales sino también de
índole económico-político a través del dominio del espacio por medio del esfuerzo colonizador.
Los "monjes roturadores" como se ha dado en llamar a los cistercienses por su influencia
económica agrícola, organizarón sus abadias como verdaderos núcleos de repoblación de zonas
despobladas o poco pobladas a través de la roturación de las tierras incultas, o en territorios
defensivo-fronterizos. Para el dominio del espacio se ordenarón los recursos del agua,
construyendo una amplia red de acequias, presas y molinos en torno a cada monasterio.
Los monjes del Císter no descuidaron nunca la realidad material, transformando su patrimonio
en rentables unidades de producción y distribución: Roturarón tierras incultas, librándolas de
maleza, drenaron zonas pantanosas y desarrollaron cultivos, criaron nutridas cabañas ovinas y
comerciaron con los productos de su trabajo.
Aragón asistió a la temprana llegada del Císter, ya que estas fundaciones religiosas fueron
propiciadas por la corona aragonesa con la confirmación de numerosos privilegios y donaciones,
y a la ayuda que a la Órden prestaron las clases dirigentes necesitadas de colonos en sus tierras.
El movimiento cisterciense fue cardinal para el Reino de Aragón, en el proceso de colonización
tras la reconquista, impulsando la articulación geográfica y humana, y la renovación
arquitectónica del arte religioso y civil, en el valle medio del
Ebro.
Los Monasterios de Veruela,
Rueda y Piedra son ramas de ese gran tronco.
CALATAYUD. Plaza del Fuerte, s/n. Teléfono 976 886322 CASPE. Cedemar. Plaza de España, 2. Teléfono 976 636533 VERA DE MONCAYO. Paseo de Valeriano Bécquer, s/n Teléfono 976 649000
Tal día como hoy
En el menguante de luna de enero, corta tu madero. Bienvenida sea la nevada que protege de la helada. Bienvenida sea la nevada que protege de la helada.
El más lento en prometer es siempre el más fiel en cumplir. Rousseau
La información no estará completa sin un paseo por sus tres provincias:
Zaragoza,
Teruel
y Huesca y sus
variadas Comarcas,
con parada en alguno de sus espectaculares paisajes como el valle pirenaico de
Ordesa
o el Moncayo
o por oposición en el valle el Ebro.